top of page

Carta a mi yo de 18 años.

A los 18 pensabas que lo sabías todo. Y quizá, en ese momento, sí lo sabías… todo lo que podías saber entonces.

“¿Cómo puede una persona saber tanto a los 18 y nada a los 22?”, dijo Taylor Swift.Y aún no lo sabías, pero tenía razón.

Estabas en un punto donde sentías que tu vida ya estaba más que resuelta.

¿Elegir una carrera que amabas? ✔️

¿Estudiar en la universidad que querías? ✔️

¿Tener a todos los que amas contigo? ✔️



Lo tenías todo.

Y por eso, jamás imaginaste que, a los pocos meses, la vida se empezaría a complicar como nunca.

Tu camino se fue llenando de neblina, de dudas, de vacíos. Y te rompiste. Más de una vez. De formas que creías irreparables.


Lloraste en baños ajenos y públicos.

Te quedaste en silencios incómodos.

Y entendiste que muchas veces, fuiste tú quien se quedó cuando debías haberte ido.

Pero tranquila. Cada caída, aunque no lo parezca, va a enseñarte algo.


Te enamoraste, pero no como lo imaginabas.

Te enamoraste de personas, de ciudades, de canciones…

Y sobre todo, de ti.

Que fue lo más difícil.


También te alejaste de personas que juraste eternas.

Y te dolió. Mucho.

Pero aprendiste que soltar no es fracasar. Es hacer espacio.


Todos te decían que eras valiente.

Que tu nombre venía de ahí.

Pero no lo creíste hasta que tuviste que seguir con tu vida después de perder a quienes fueron pilares para ti.


Aprendiste a tener paciencia. No mucha. Pero la justa para entender que del afán solo queda el cansancio.

Y que a veces hay que parar. Respirar. Replantear.


Todavía nos preocupa no tener todo claro.

Pero estamos intentando aprender que vivir no es tener respuestas, sino formular mejores preguntas.

Y que está bien cambiar de rumbo, de peinado, de amistades o de sueños.


Al final, todo lo que viviste te trajo hasta aquí.

Y aunque con 27 todavía no sepas exactamente hacia dónde vas, al menos… ya no huyes de ti misma.

O al menos no tanto.


Con amor,

la versión que sobrevivió.

 
 
 

Comentarios


bottom of page