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El año empieza después de Reyes

Querido lector,


Estamos a mitad de enero y, no sé tú, pero yo siento que este mes quiere que vivamos todo lo que pasa en un año… en solo treinta y un días.


Han pasado muchas cosas. El tiempo corre, las notificaciones no paran, las conversaciones importantes se acumulan y de pronto parece que ya vamos tarde, aunque apenas estemos empezando. Enero siempre tiene esa extraña habilidad de hacernos sentir atrasados incluso antes de arrancar.



Y, sin embargo, también podríamos decir que apenas llevamos una semana del 2026.


¿Exagerado? Tal vez no tanto. Al menos para quienes vivimos en Colombia, el año NO empieza realmente el primero de enero. Empieza después del puente de Reyes. Antes de eso, seguimos con un pie en diciembre: las sobras en la nevera, los mensajes pendientes, la energía a medias, el cuerpo todavía en modo descanso.


Por eso, estos días, los que vienen después de Reyes, son, en realidad, los primeros días reales del año. Y quizás también los más honestos.


Son los días ideales para preguntarnos qué queremos hacer con los meses que vienen, pero sin el afán de enero primero, sin la presión de la lista perfecta, sin la necesidad de tener respuestas inmediatas para cuando alguien pregunte: “¿y tus propósitos para este año?”.


Porque seamos sinceros: muchas de las metas que nos planteamos a comienzos de año nacen más de la inmediatez que de la convicción. Queremos hacer más ejercicio, comer mejor, leer más, ahorrar más, ser más productivos… no siempre porque lo deseemos de verdad, sino porque sentimos que tenemos que decir algo. Que tenemos que cumplir con el ritual de empezar el año “con propósito”.


Y así, sin darnos cuenta, convertimos el inicio del año en una carrera. Metas impuestas, exigencias prestadas, expectativas que no siempre son nuestras. Después, cuando no las cumplimos, aparece la culpa, la frustración y esa sensación de haber fallado incluso antes de intentarlo de verdad.


Tal vez por eso vale la pena replantear el punto de partida.


Tal vez este sea el momento de pensar en metas más sensatas. Más amables. Más posibles. Metas que no nazcan del miedo a no estar haciendo suficiente, sino del deseo genuino de estar un poco mejor. No metas para impresionar. No metas para responder preguntas incómodas. No metas para tachar en una lista.

Sino compromisos reales con nosotros mismos.


Metas que se parezcan a:

  • escucharnos más y exigirnos menos,

  • mover el cuerpo de formas que se sientan bien, no como castigo,

  • descansar sin sentir culpa,

  • sostener lo que nos hace bien, incluso cuando no es productivo,

  • permitirnos cambiar de opinión a mitad de camino.


Quizás no se trate de hacer más, sino de hacerlo con más intención. De no vivir el año como si fuera una lista de pendientes, sino como un espacio que todavía se está escribiendo.


Enero puede seguir corriendo, sí. El tiempo puede sentirse rápido, abrumador, intenso. Pero todavía estamos a tiempo. Todavía estamos empezando. Todavía podemos elegir cómo queremos caminar lo que queda del año.


Sin afán. Sin poses. Con metas que, esta vez, sí queramos cumplir.


Porque no todo tiene que empezar el primero de enero para ser válido. A veces, empezar después de Reyes también cuenta.


Por ahora, mi propósito más claro es que sigamos escribiendo el año, despacio, juntos.


Con cariño,

Valentina C. Villada.

 
 
 
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