top of page

Carta a nadie (pero con nombre)

Querido A.,


No sé muy bien por qué te escribo si esta carta es muy probable que no llegue a ti (aunque eso pensé la última vez que escribí algo sobre ti y me sorprendió que me preguntaras al respecto). Tal vez porque hay silencios que pesan más que las conversaciones pendientes, o porque hay nombres que se quedan flotando incluso cuando una aprende a no pronunciarlos en voz alta.



Hace tiempo que no hablamos, al menos no de la forma que solíamos hacerlo. Y a veces siento que ha pasado tanto, que a ratos me pregunto si alguna vez supimos cómo hacerlo bien. Nos quedamos atrapados en frases a medias, en suposiciones, en orgullos mal administrados… Y aun así, aquí estoy, escribiéndote como si el tiempo no hubiera hecho lo suyo, como si no hubiéramos aprendido a vivir sin saber el uno del otro.


Quería decirte que a veces te extraño. Que me haces falta de una manera cotidiana, casi absurda. No en los grandes momentos, sino en la rutina: en contarte algo pequeño, en preguntarte cómo te fue, en saber que estabas ahí. Me descubro recordándote en detalles mínimos: una canción, una frase, un gesto que nadie más tiene. Y entonces entiendo que no eras solo alguien importante, eras parte de mis días.


Hay ausencias que no duelen como una herida abierta, sino como un espacio vacío que nadie más ocupa. Así te siento. Como una silla que sigue estando ahí, aunque ya nadie se siente. Como una costumbre que el cuerpo no ha terminado de olvidar.


No sé en qué punto dejamos de intentarlo. No sé si fue cansancio, miedo o simplemente falta de sincronía. Lo que sí sé es que no te dejé de querer de un día para otro, y que extrañar no siempre significa querer volver, sino reconocer que algo fue real y dejó marca.


A veces me pregunto si tú también me piensas. Si en medio de tu día hay algo que te lleve a mí sin querer. Y no lo hago para torturarme, sino porque todavía me cuesta aceptar que dos personas que se dijeron tanto puedan pasar tanto tiempo sin decirse nada.


No te escribo para pedirte que vuelvas, aunque una parte de mí fantasee con eso. Te escribo porque me haces falta y necesitaba decirlo en algún lugar. Porque callarlo no me ha servido y porque esta carta, aunque no sea para que la leas, sí es para que yo sea honesta conmigo.


Te extraño, A. Y no pasa nada por admitirlo.


Con cariño, aún a más de 9000 km de distancia,


Valentina Calderón Villada.


Pd: Todavía guardo el impulso de escribirte cuando algo me pasa. Supongo que algunas costumbres tardan más en irse que las personas.

 
 
 
bottom of page