top of page

¿Adulting? Estoy haciendo lo que puedo, gracias

  • 29 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Querido lector,


¿No te pasa que a veces te miras al espejo y te dices:“Ok, tienes 27 años, tienes trabajo, pagas tus cosas… pero igual estás chiquito”? Hay días en los que me siento cero lista para ser adulta, aunque oficialmente ya lo soy (al menos en la cédula).


Soy una adulta legalmente reconocida en todas partes del mundo, pero emocionalmente sigo en entrenamiento. Porque una cosa es tener cédula y otra muy distinta sentirse adulta.

Y sí, tengo responsabilidades, metas, seguros y hasta historial crediticio. Pero también tengo miedo de dañar la lavadora, odio contestar llamadas de números desconocidos y lloro con comerciales de comida para perros.

Mi adultez es una contradicción andante: sé cuánto debo pagar de tarjeta de crédito, pero me da un mini colapso si se me quiebra una sombra de maquillaje. Sé exactamente qué día me cortan el plan de datos si no pago, pero me da ansiedad llamar para pedir una cita médica.


¿A alguien más le pasa o solo yo estoy viviendo esta adultez medio improvisada?


Que a ver, en parte sé que no soy la única. La mayoría de mis amigos se sienten igual... o al menos parecido. Pero de todas formas no dejo de pensar: ¿cómo es posible que hace unas décadas, la gente de mi edad ya tenía casa, carro y beca? Cuando veo personas de mi edad firmando créditos de vivienda, teniendo bebés o comprando lavadoras, solo pienso: ¡¿Cómo le van a hacer si estamos chiquitos?!


Yo todavía voy con mi mamá al médico para que sea ella la que le explique todo al doctor... ¿y ellos ya están organizando su matrimonio?


Y claro que a veces me pregunto: ¿hay algo mal conmigo? Pero luego me acuerdo que no, que solo estoy viviendo la adultez versión beta: la de los que improvisamos, nos confundimos y aprendemos sobre la marcha.


Además, sé que no estoy sola. Que somos toda una generación de adultos funcionales… emocionalmente confundidos.


Una generación que paga impuestos pero necesita YouTube para saber cómo lavar una cortina. Que hace mercado, pero olvida que el arroz no se guarda caliente en la nevera. Que habla de inversiones por redes, pero llora cuando llega el recibo del gas.


Y sí, tengo 27 años, pero todavía fangirleo con Joe Jonas, me emociono con cada cosa que hace Taylor Swift, y lloro con libros y series de romance juvenil como si tuviera 15.


Y no me da pena decirlo. Porque en el fondo, parte de seguir chiquita es no dejar que se me apague esa parte del corazón que se ilusiona fácil.


Ser adulto ya no es lo que era antes. Hoy, ser adulto es una mezcla rara entre tener la nevera medio llena y el corazón medio confundido. Es hacer planes a futuro mientras no sabes qué vas a cenar esta noche. Es sentirte grande en unas cosas y diminuta en otras.


Y aunque no tengo todas las respuestas (ni el manual de la vida adulta), he aprendido que estar “chiquita” no significa estar mal. A veces soy una mujer seria que habla de inversiones, y a veces soy una adulta chiquita que se emociona porque compró un vestido nuevo. Ambas versiones coexisten.


Y si tú también te sientes así: bienvenido al club.No estamos solos.


Con cariño,

una adulta chiquita. (aka: Valentina C. Villada).


 
 
 

Comentarios


bottom of page