Hobbys para hacer en tus 20 (sin necesidad de monetizar)
- 1 jun
- 4 min de lectura
Querido lector,
Entre más nos adentramos en la vida adulta, menos tiempo tenemos de hacer las cosas que nos gustan solo por el placer de hacerlo. Vivimos en una época en donde todo a lo que le dediquemos tiempo debe generar dinero, de lo contrario no sirve. Así que hemos reducido todas nuestras actividades a cosas que, de una u otra manera, se convierten en trabajo.
Y sin darnos cuenta, dejamos de jugar.
Porque eso eran antes los hobbies: una forma de jugar sin propósito, sin meta, sin presión. Algo que hacíamos porque sí. Porque nos hacía felices. Porque nos desconectaba. Porque nos hacía sentir vivos sin tener que demostrarle nada a nadie.
Pero crecer vino con una trampa silenciosa: empezamos a medirlo todo en productividad. ¿Para qué pintar si no lo voy a vender? ¿Para qué escribir si no lo voy a publicar? ¿Para qué aprender algo nuevo si no lo puedo monetizar?
Y así, poco a poco, nos fuimos quedando sin espacios que fueran solo nuestros.
Por eso, esta es una invitación —casi un recordatorio— a volver a tener hobbies. No los que se ven bien en redes. No los que podrían convertirse en emprendimiento. No los que “deberías” tener. Los que te nacen.
Porque tus 20 también son para descubrir qué te gusta cuando nadie te está evaluando. Para intentar cosas en las que no eres bueno (y no pasa nada). Para equivocarte, aburrirte, volver a intentar o simplemente dejarlo. Por eso, aquí va una lista de hobbies que creo que son tan increíbles como divertidos para acompañarte en ese proceso de descubrirte como adulto. (Pequeña aclaración: esta lista nace de lo que a mí me gusta y de lo que mis amigos —que también están intentando descifrarse— me recomendaron).

Bailar
Bailar es, quizá, una de las formas más honestas de volver al cuerpo. No importa si tienes ritmo, técnica o coordinación —nadie está evaluando eso aquí—. Se trata de moverte, de soltar, de habitarte sin pensar demasiado.
Puede ser una clase de salsa un martes cualquiera, aprender coreografías en tu cuarto o simplemente poner música mientras haces oficio y dejarte llevar. Bailar no siempre es para verse bien; a veces es solo para sentirse mejor.

Cocinar
Cocinar es de esos hobbies que empiezan casi por obligación… y terminan convirtiéndose en algo mucho más íntimo. Sí, es una habilidad básica para la vida adulta, pero también puede ser un espacio para bajar el ritmo, probar, fallar y volver a intentar.
No tienes que ser chef ni hacer recetas elaboradas. A veces empieza con aprender a hacer un buen desayuno, una pasta decente o esa receta que te recuerda a casa. Y, sin darte cuenta, se vuelve un pequeño ritual: elegir ingredientes, mezclar, probar, ajustar.
Porque al final, cocinar no es solo alimentarte. También es aprender a cuidarte.

Leer
Pocos hobbys son tan silenciosos y, al mismo tiempo, tan poderosos como leer. Es un espacio donde la mente se activa mientras el mundo se pausa. Donde puedes aprender, cuestionarte… o simplemente desaparecer un rato de tu propia realidad.
No tienes que leer “los libros correctos” ni seguir listas interminables. A veces basta con encontrar una historia que te atrape, un autor que te incomode o un párrafo que sientas demasiado cercano.
Porque leer no siempre es para saber más. A veces, es para sentir distinto.

Viajar
Viajar es abrirse a lo desconocido: conocer, probar y disfrutar lugares que, de alguna forma, te terminan cambiando un poco. Y sí, definitivamente merece un lugar en tu tiempo libre.
Pero no, no necesitas irte al otro lado del mundo para que cuente. A veces basta con cambiar de barrio, explorar un pueblo cercano o decirle que sí a un plan improvisado. Viajar también es aprender a mirar distinto lo cotidiano.
Porque al final, no se trata de qué tan lejos vas, sino de qué tanto te permites descubrir.
Practicar algún deporte o hacer actividad física

Más allá de mejorar la salud, moverte es una forma de volver a ti. De salir de la cabeza y regresar al cuerpo. De recordarte que también habitas algo físico, no solo pensamientos y pendientes.
Y no, no todo tiene que ser el gimnasio. En lo personal, tampoco es lo mío. Pero una caminata al aire libre, una clase de yoga o incluso bailar (sin presión, sin técnica) también cuentan.
Porque al final, no se trata de tener el “cuerpo ideal”, sino de sentirte bien en el que ya tienes.

Ir a eventos culturales
Teatro, ballet, cine, conciertos, shows de comedia… hay más opciones de las que creemos, y para todos los gustos. Siempre hay algo pasando, esperando a que alguien diga “¿por qué no?”.
Y no, no se trata de ir para parecer interesante ni de pretender ser superior por “entender” cierto tipo de arte. Se trata de sentir. De reírte, de emocionarte, de quedarte pensando en algo días después sin saber muy bien por qué.
Porque a veces, lo que necesitamos no es hacer más, sino dejarnos tocar por algo distinto.

Manualidades
Hay algo profundamente satisfactorio en hacer cosas con tus propias manos. Un collar, una tarjeta, un álbum de fotos, una pieza de cerámica… pequeños objetos que no solo existen, sino que cuentan algo de ti.
Las manualidades tienen esa magia de bajar el ritmo. Te obligan a estar presente, a concentrarte en el proceso más que en el resultado. Y, de paso, te recuerdan que no todo tiene que ser perfecto para ser valioso.

Fotografía
Este es más un gusto personal que una recomendación universal, pero hay algo muy especial en aprender a capturar momentos. No desde la perfección, sino desde la intención.
Una cena con amigos, una salida al parque, un café cualquiera… escenas simples que, en el momento, parecen pequeñas, pero que con el tiempo se vuelven todo. La fotografía te enseña a mirar distinto, a detenerte un segundo más, a encontrar belleza en lo cotidiano.
Tener hobbies no es perder el tiempo. Es recuperarlo y, de paso, recuperarte a ti.
Es darte un espacio donde no tienes que ser productivo, exitoso ni perfecto. Donde no todo tiene que tener un resultado, una meta o una justificación.
Porque en medio de tantas responsabilidades, expectativas y planes a futuro, también necesitas algo que sea solo tuyo. Algo que hagas sin prisa, sin presión, sin tener que explicárselo a nadie.
Al final, crecer no debería significar dejar de disfrutar, sino aprender a hacerlo de nuevas formas. Y los hobbys, por simples que parezcan, son una de ellas.
Con cariño,
Valentina C. Villada.



Comentarios